La barra de jabón, tan útil y conocida por todos, ha acompañado a la humanidad por muchos años, de acuerdo a muchos historiadores, la primera evidencia de algún tipo de jabón se remonta al año 2.800 antes de Cristo, por lo que que su invención se atribuye a los Sumerios, que mezclaron grasa animal con cenizas y agua para crear un producto de limpieza con el que lavaban lana u otros textiles y para rituales, los sacerdotes sumerios usaban este jabón para “purificarse” antes de alguna ceremonia, además de otros que posiblemente eran usados para tratar afecciones de la piel. Debido a los diferentes usos que se le daba, algunas tabletas mesopotámicas describen diferentes métodos para fabricar jabón.
Alrededor del año 1.500 a.C. los antiguos egipcios también idearon técnicas para fabricar algo parecido a lo que conocemos como jabón, mezclando sales alcalinas con aceite, lo que aparece en algunos papiros.
Durante la Era Romana, en la enciclopedia Historia Naturalis (año 77 d.C.), Plinio el Viejo menciona el término “sapo”, que en latín significa jabón y explica cómo se fabrica a partir de grasa y ceniza y era usado para el cabello y el cuerpo, mayormente por los galos y germanos, mientras los romanos preferían usar aceites esenciales, arena y otros.
Luego del declive del Imperio Romano, el uso del jabón decayó, por algunas iglesias que desalentaron su uso o en definitiva la práctica del baño, ya que estaba ligada a las costumbres paganas del imperio anterior. Sin embargo bajo el reinado de Carlomagno, los jabones fueron uno de los productos preferidos por la nobleza.
Los vikingos, también usaron un jabón con lejía (que usaban para desteñir sus barbas).
Por otro lado, el florecimiento cultural de islámico medieval trajo sus prácticas basadas en la higiene, incluido el uso de jabones. De hecho, la ciudad siria de Alepo tenía una tradición de fabricación de jabones de alta calidad desde la antigüedad (como un legado de la cultura de Mesopotamia).
Con el tiempo, esto se transfirió a la industria medieval con familias mercantes por generaciones que produjeron y distribuyeron jabón, aprovechando la ruta de la seda.
En el siglo XI d.C., los cruzados se deleitaban con estos productos de higiene extranjeros, por lo que trajeron las recetas desde Alepo a los confines europeos.
España, que estaba regida por los musulmanes, hizo que la península fuera unos de los líderes en la manufactura del famoso jabón de Castilla, que se fabrica con aceite de oliva. Estas técnicas se expandieron a Inglaterra en el siglo XIV y a Francia un siglo después, donde nació el jabón de Marsella, que combinaba, agua de mar, ceniza y aceite de oliva y conquistó a la nobleza.
Hacia el siglo XVIII el jabón aún no sea hacía popular y era usado en su mayoría por gente adinerada, ya que su fabricación era costosa.
Eso cambió a partir de la revolución industrial, cuando se incorporaron sustancias aromáticas como aceites y esencias importadas. Para el siglo XIX la guerra ayudó a masificar el jabón, ya que durante la guerra de Crimea, las tropas británicas sufrieron bajas por la propagación de enfermedades, lo que los obligó a adoptar protocolos de higiene, que incluían el uso regular de jabón, costumbre que los soldados inculcaron en sus hogares.
A comienzos del siglo XX, el jabón se había convertido en un producto de consumo masivo, en parte gracias a los esfuerzos de publicidad de empresas norteamericanas que invirtieron grandes sumas de dinero en avisos, tanto así que las series radiales de la época se conocieron con como “soap operas” ya que durante sus transmisiones se publicitaban los jabones.
¿Sabías que tenemos un jabón hecho a mano? Se hace prácticamente de la misma forma hace más de 110 años, es nuestro jabón de Coco Puro Cavallaro.
